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viernes, 2 de enero de 2015

El Poverello de Asís

“Dios perdona siempre, los hombres algunas veces, la naturaleza nunca”

Tengo pendiente el compromiso de hablar de San Francisco de Asís en este blog y lo voy a cumplir hoy, cuando estamos cerca de la Epifanía y del recuerdo de la Navidad en Greccio, donde el Santo festejó en 1223 el nacimiento de Jesucristo de forma que la celebración se asemejara lo más posible a la natividad de Jesús, y montó un pesebre con animales y heno.
Aunque algunos sostienen que la creación del pesebre es anterior a Francisco, fue sin dudas él quien popularizó el Nacimiento o escena del nacimiento de Jesús. Al entrar a rezar en la ermita de Greccio en la Navidad de 1223, Francisco sintió el deseo de representar en vivo el nacimiento del Niño Jesús, y ese hecho fue decisivo en la universalización de esa tradición. En 1986, a petición de las asociaciones belenistas de todo el mundo, el Papa Juan Pablo II proclamó patrono universal del "Belenismo" a San Francisco de Asís.

Francisco de Asís (en italiano Francesco d’Assisi, nacido Giovanni di Pietro Bernardone) (Asís1181/1182ibídem3 de octubre de 1226), santo italiano, que fue diácono, fundador de la Orden Franciscana, de una segunda orden conocida como Hermanas Clarisas y una tercera conocida como tercera orden seglar, todas surgidas bajo la autoridad de la Iglesia católica en la Edad Media. De ser hijo de un rico comerciante de la ciudad en su juventud, pasó a vivir bajo la más estricta pobreza y observancia de los Evangelios.
Sin duda predicó con el ejemplo y se aplicó así mismo su propia recomendación: Recuerda que cuando abandones esta tierra, no podrás llevarte contigo nada de lo que has recibido, sólo lo que has dado.

San Francisco de Asís ha quedado como aquél que, en su espíritu de pobreza y desprendimiento, probablemente más se pareció a Jesús en la historia de la cristiandad. Pero de todas las facetas del «Pobre de Asís», la que interesa a este blog es la de su amor a los animales.
A menudo se representa a San Francisco rodeado de pájaros y otros animales, porque éstos eran sus amigos. El veía la presencia de Dios en la naturaleza y por  eso sentía un gran amor y respeto por todas las criaturas. Todas las cosas creadas, decía, son nuestros hermanos y hermanas porque todos tenemos el mismo Padre.


Traigo un recorte del capítulo XXI de las Florecillas de San Francisco, el titulado Cómo San Francisco amansó, por virtud divina, un lobo ferocísimo
“Escuchad, hermanos míos: el hermano lobo, que está aquí ante vosotros, me ha prometido y dado su fe de hacer paces con vosotros y de no dañaros en adelante en cosa alguna si vosotros os comprometéis a darle cada día lo que necesita. Yo salgo fiador por él de que cumplirá fielmente por su parte el acuerdo de paz.
Entonces, todo el pueblo, a una voz, prometió alimentarlo continuamente. Y San Francisco dijo al lobo delante de todos:
-- Y tú, hermano lobo, ¿me prometes cumplir para con ellos el acuerdo de paz, es decir, que no harás daño ni a los hombres, ni a los animales, ni a criatura alguna?
El lobo se arrodilló y bajó la cabeza, manifestando con gestos mansos del cuerpo, de la cola y de las orejas, en la forma que podía, su voluntad de cumplir todas las condiciones del acuerdo. Añadió San Francisco:
-- Hermano lobo, quiero que así como me has dado fe de esta promesa fuera de las puertas de la ciudad, vuelvas ahora a darme fe delante de todo el pueblo de que yo no quedaré engañado en la palabra que he dado en nombre tuyo.
Entonces, el lobo, alzando la pata derecha, la puso en la mano de San Francisco.”

El primer y más fiel defensor de la ecología fue San Francisco de Asís, quien nos enseñó cuán importante es el respeto a la vida que ha venido de Dios mismo. Es el santo patrón del medio ambiente, ecología y de los animales, los últimos años de la vida de San Francisco de Asís no sólo fueron de un intachable modelo de devoción religiosa, sino un ejemplar  sentimiento a la existencia en la Tierra. Él era amigo del hombre y de la bestia, admirador del sol y la naturaleza y un pacifista en todo el sentido de la palabra. Se dedicó a servir y ayudar no solo a sus semejantes, sino también a todos los seres vivos y a todos los animales, a los que consideraba hijos de Dios y llamaba "hermanos", se dirigía a ellos y era escuchado por estas criaturas.
 Él estaba profundamente comprometido con el bienestar del medio ambiente y de toda la creación, a manera de un iniciante pionero nunca antes visto. Constantemente recomendaba encarecidamente a la personas mostrar respeto, humildad y amor hacia los demás miembros seres vivos del planeta.
El Papa Francisco eligió este nombre en honor a san Francisco de Asís el 13 de marzo de 2013. Momentos después de ser elegido Papa y antes de salir al Balcón de la Basílica de San Pedro, el Arzobispo argentino pidió ser llamado Francisco, el hijo de un rico comerciante que decidió servir a Dios y vivir bajo la más estricta pobreza y observancia de los Evangelios.

Conocido por su humildad, su preocupación por los pobres, marginados y sufrientes de distinta extracción, y su compromiso de diálogo con personas de diferentes orígenes y credos, Francisco mostró una variedad de gestos pastorales indicativos de sencillez, entre los que se incluyen su decisión de residir en la casa de huéspedes del Vaticano en lugar de la residencia papal usada por sus antecesores desde 1903. Al poco tiempo de su elección, en al año 2013 la revista Time lo consideró una de las cien personas más influyentes, incluyéndolo en el grupo de los «líderes», y meses más tarde lo nombró «persona del año» 2013.

Y no es casualidad que el papa Francisco ha querido que su primera encíclica propia –la anterior había sido escrita en su mayor parte por Benedicto XVI— se convierta en una defensa apasionada de la ecología. Según fuentes del Vaticano, la encíclica en la que Jorge Mario Bergoglio y un significativo grupo de asesores –entre los que destacan el cardenal ghanés Peter Turkson y los teólogos argentinos Carlos María Galli y Víctor Manuel Fernández-- llevan trabajando desde otoño de 2013 está ya prácticamente lista e incluso podría publicarse a lo largo del mes de enero de 2015. El Papa nunca ha ocultado su enorme preocupación ante el que considera uno de los más grandes desafíos de la humanidad, “la custodia de la creación y la ecología”.

Ya en la primera misa de inauguración del pontificado, el 19 de marzo de 2013, subrayó la importancia de “custodiar la naturaleza”. Dijo entonces que Francisco de Asís, en cuyo nombre y mensaje quiere inspirar su papado, representa el modelo de vida austero, respetuoso con la creación, tan lejano a la actual “cultura del descarte”, por culpa de la cual en unos países se derrochan de forma caprichosa alimentos y recursos naturales mientras en otras latitudes millones de personas mueren de hambre. Sólo cuidando la naturaleza, advirtió el Papa, es posible también “custodiar a la gente, preocuparse por todos, especialmente por los niños, los ancianos, los más frágiles”.
Han sido muchas desde aquel día las referencias de Francisco a la protección de la naturaleza, tanto a lo largo de sus viajes como en las audiencias en la plaza de San Pedro.
El pasado mes de mayo, ante unos 100.000 peregrinos llegados de todo el mundo, Bergoglio advirtió: “La naturaleza no es una propiedad de la que podamos abusar a nuestro antojo, ni mucho menos es la propiedad de unos pocos, sino un don de todos, que debemos custodiar. Si destruimos la creación, la creación nos destruirá a nosotros. ¡Nunca lo olvidéis!”. El Papa ha sacado a colación en varias ocasiones un dicho popular: “Dios perdona siempre, los hombres algunas veces, la naturaleza nunca”. 
San Francisco de Asís decía: “Empieza haciendo lo necesario, continúa haciendo lo posible; y de repente estarás haciendo lo imposible”.

No le toca al Papa Francisco enfrentarse a un lobo sino a varios lobbies. De hecho ya tiene camino recorrido respecto de lo que es necesario y posible. La Encíclica, que podría llevar el título de “La Ecología de la Humanidad”, nos dirá a que retos-lobbies imposibles deberá amansar.



Fuentes:

Diario el País (La Ley Sinde y la Tasa Google impiden poner link)



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viernes, 14 de febrero de 2014

Kāmadeva el dios hindú del amor

Kāmadeva es el dios hindú del amor que al igual que Cupido maneja un arco y flechas para hechizar a los enamorados. Pero si Cupido tiene alas Kāmadeva vuela a lomos de un loro.



Se le suele representar como un hombre alado, joven y hermoso. Tiene un arco de caña de azúcar (con abejas posadas sobre él) y sus flechas están decoradas con cinco tipos de flores fragantes. La cuerda está hecha con abejas [que producen miel kama madhu: ‘la miel del deseo’] enganchadas entre sí.
Su nombre kāma significa ‘deseo sexual’ (según algunos monjes hindúes: ‘lujuria’, más peyorativo) y deva: ‘dios’. El conocido libro Kāma Sūtra (‘aforismos de Kāma’ o ‘máximas sobre el amor’) de Vatsiaiana, está inspirado en este dios hindú.
Su compañera es la primavera (con sus símbolos: un cucú, un loro, abejas, y la brisa suave).

De acuerdo con el Śiva Purāna, Kāmadeva es hijo (o mejor dicho creación) del dios Brahmā (creador del universo).
De acuerdo con otras fuentes, incluido el Skanda Purāna, Kāmadeva es hermano de Prasuti; ambos son hijos de Shatarupa (‘cien formas’), la cual es creación del Señor Brahmā. Todas las fuentes coinciden en que Kāmadeva está casado con Ratī, hija de Prasuti y del patriarca Daksha (quienes son creaciones de Brahmā). De acuerdo con el Bhāgavat Purāna, Kāmadeva reencarnó como Pradyumna, el hijo del dios Krishná y de su primera esposa Rukminī.



Quizá el mito más conocido respecto de Kāmadeva es el que cuenta su aniquilación y posterior resurrección en manos del Señor Shivá. En el Kumāra Sāmbhava, Kandarpa (Kāmadeva) resolvió ayudar a la doncella Pārvatī para que se ganara el amor del Señor Shivá. Kandarpa disparó sus invisibles dardos de deseo contra Śhivá para interrumpir su meditación y permitir que Pārvatī se ganara su atención. Pero el ardid le salió mal: Shivá se distrajo momentáneamente de su meditación, pero inmediatamente se dio cuenta de lo que había sucedido. Se enfureció, abrió su terrible tercer ojo y con una sola encendida mirada prendió fuego a Kandarpa. El cuerpo de Kandarpa quedó reducido a cenizas.
La calamidad no era sólo personal, ya que la aniquilación de Kāma (el deseo sexual), provocaría que el mundo se volviera frígido y nunca más se regenerara. Incluso el casamiento de Śhivá y Párvatī nunca tendría lugar. Más tarde, por el pedido de los dioses (que temían que ya no hubiera más humanos que les ofrecieran oblaciones) y por la intercesión de la diosa Párvati en favor de la esposa de Kandarpa, Rati, el Señor Shivá lo resucitó, asegurando de esa manera la continuidad reproductiva del mundo. Shivá volvió a Kandarpa a la vida, pero sólo como una imagen mental.
Los fundamentalistas hindúes (de tendencia al celibato), interpretan este mito como una enseñanza de Shiva a la humanidad, aleccionando a los seres humanos a valorar más el estado mental y emocional del amor por encima de la lujuria física.

Fuente: Wikipedia Dioses del Amor


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miércoles, 8 de enero de 2014

Buda y el cisne

Buda nació hace más de 2.500 años en el norte de la India. Buda era un príncipe, hijo de un rey muy rico, y su nombre era Siddartha. Cuando Siddartha nació, su padre envió a llamar a los sabios y a los sacerdotes para que auguraran el futuro del joven príncipe.

    Uno de ellos dijo que se convertiría en un gran emperador; otro dijo que sería un santo. El último dijo que dejaría su hogar y que se convertiría en un gran maes­tro indagando en la vejez, la enfermedad y la muerte.   Pero el rey quería que su hijo fuera un gran emperador, no un monje, ni un maestro; de modo que dio órdenes para que el príncipe creciera sin conocer nada acerca de la vejez, la enfermedad o la muerte.

     Siendo niño, a Siddartha nunca le dejaron salir del palacio real, de manera que nunca pudo ver a gente anciana, enferma o desdichada. Incluso las flores mustias se recogían en los jardi­nes reales, para que el príncipe no las viera. Lo único que conocía del mundo era a su rica familia, a sus sirvientes del palacio y a los animales que vivían en los jardines del palacio. El joven príncipe aprendió a leer y a escribir, a montar a caballo y a dis­parar el arco. Era muy bueno en todo esto; tan bueno, que su primo Devadatta tenía envidia de él.
Ya en su juventud, el joven Siddartha daba muestras de una naturaleza compasiva; y esto es lo que sucedió la primera vez que vio a un animal sufriendo.

Un día en que Siddartha estaba con su primo en los jardi­nes de palacio, vieron a un cisne que pasaba volando sobre ellos. Devadatta tomó su arco, apuntó con cuidado y le disparó una flecha al ave.

         ¡Mira! - dijo Devadatta-. ¡Le di a la primera!

El gran pájaro blanco cayó al suelo sangrando. Pero, en cuanto vio caer al cisne, Siddartha corrió hacía él. Le sacó con mucho cuidado la flecha, cortó unas hojas y le enjugó la sangre; y luego, acunó al ave entre sus brazos, acariciándole las plumas.
— ¡Aparta las manos de mi cisne! -gritó Devadatta-. ¡No tienes derecho a tocarlo! ¡Es mi cisne! ¡Yo lo abatí!
         Sí -dijo Siddartha-. Pero yo estoy intentando salvarlo.
—  Eso no es justo -dijo Devadatta-. Es mío. Yo lo abatí. Debes entregármelo. Si no me lo das, te llevaré ante el juez.
         De acuerdo -dijo el príncipe-. Dejemos que decida el juez.

Devadatta y Siddartha fueron ante el juez de la corte real del palacio y, mientras esperaban, Siddartha se negó a separarse del cisne. Lo tuvo con él y lo acunó entre sus brazos. El juez ten­dría que decidir. ¿A quién debería dársele el cisne? ¿A Devadatta, que lo había abatido, o al príncipe, que había intentado salvarlo?

El juez miró atentamente al cisne, y vio que se estaba recupe­rando de su herida. Entonces, emitió su veredicto. Dado que el cisne estaba vivo gracias a los cuidados del príncipe, habría que permitir­le que lo conservara. Si, por el contrario, hubiera muerto, Deva­datta, que era quien lo había abatido, habría podido reclamarlo.
Tiempo después, el cisne se recuperó por completo y el príncipe lo dejó en libertad. Siddartha se preocupó por los ani­males durante toda su vida. Nunca mató a ningún ser vivo y dijo a sus seguidores que no dieran muerte a nada que tuviera vida. Ésta fue la primera enseñanza de Buda .
                                      (Relato budista)






Fuente: Wikipedia y Cuentos para pensar. Robert River. Edic. Obelisco. 
Barcelona. 2005. pgs. 45-48

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sábado, 5 de mayo de 2012

Un loro salvó 40 vocablos de la lengua Atur

Los Atures eran una tribu guerrera cuyos territorios se extendían por la orilla izquierda del Orinoco, en la actual Venezuela. Los Caribes, etnia que se había mostrado belicosa con los Atures desde tiempos inmemoriales, había invadido sus territorios, aniquilado a toda su población y borrado del mapa su cultura. El naturalista Alexander Von Humboldt, a principios del año 1800 logró adentrarse en el territorio de los Atures y quiso estudiar la tribu  para ampliar los escasos datos etnográficos y lingüísticos que se disponían de aquella cultura, pero  para cuando el naturalista llegó a la zona, no sobrevivía ni una sola persona que conociese la lengua que hablaban los Atures.
Pero, en medio de la catástrofe, un hallazgo fue a aportar un pequeño rayo de luz. En una de las comunidades Caribes mantenían un viejo loro casi desplumado que, anteriormente, había pertenecido a una familia Atur. Y que, ante la sorpresa de Humboldt, repetía una y otra vez palabras en la lengua que había escuchado durante toda su vida. Innumerables horas de trabajo meticuloso con el pájaro, sumados a una larga labor de transcripciones y a sus extraordinarios conocimientos antropológicos y lingüísticos, dieron como resultado un listado de 40 vocablos que nadie en el planeta sabía ni sabrá nunca qué significan.

Actualmente existen en el planeta 4.764 lenguas distintas, de las cuales la mayoría se encuentran en grave peligro de desaparición.

No debemos permitir que la globalización no respete la diversidad de culturas. Es necesario luchar por contener la desaparición de lenguas y la extinción de especies.

Esta historia esta sacada del blog “La bitácora de Humboldt” y la muy interesante entrada sobre lenguas perdidas podéis verlo completo pinchando aquí.


En el blog odisea2008” nos proporcionan un enlace a un libro en inglés sobre aves extinguidas, en esta entrada, que además, nos ilustra sobre el extinguido Guacamayo Misterioso que transcribo: 

 Ara erythrura: o Guacamayo Misterioso se le considera extinguido (BirdLife International 2006). Originario de Jamaica y Martinica su última localización fue a comienzos de 1800 en Jamaica por el sacerdote Comard. No existen ni siquiera en ningún museo conocido”.

¿No les recuerda a nadie la cola roja de este Ara erythrura?
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martes, 22 de noviembre de 2011

La lluvia, el viento y el loro

Sábado por la mañana, llueve a cántaros y el viento sopla con rabia, te das cuenta de que se ha acabado la comida de Cotorro , el loro que te regaló tu mujer y repite delante de ella todo lo que tú dices en su ausencia. Aún así, le has cogido cariño al animal.


Tomas el paraguas y te plantas en la calle. Avanzas con el paraguas abierto, sujetándolo con fuerza para que el viento no se lo lleve, pero te lo voltea, lo zarandea violentamente y lo deja inutilizable. Ya estás bastante lejos de tu casa, así que decides no volverte. Te pones la capucha del impermeable y sigues. Buscas una papelera donde depositar el paraguas y te das cuenta de que todas están tiradas en el suelo, inservibles. Durante la noche anterior algunos cafres han estado imitando la coz del burro con ellas. Encuentras una que milagrosamente se mantiene en pie y te deshaces del paraguas. Continuas andando a paso rápido, pisando por sorpresa baldosas antipersonas de esas traidoras que disparan chorros de agua a las tobillos y provocan desagradables escalofríos. Llegas a un paso de cebra y esperas a que pasen varios coches que no te ceden el paso. Durante ese momento que aguantas el chaparrón buscas un adjetivo malsonante con el que calificar a los conductores. Cruzas la calle y al pisar de nuevo la acera algo te hace resbalar y casi caes al suelo. Es una deposición fresca de perro cuyo dueño es más perro todavía. Sales ileso del resbalón y te pones de nuevo en camino. Te detienes en otro paso de peatones con semáforo y las ruedas de una lata en forma de coche tuneado en el que viajan cinco jóvenes futuros sordos, que sorprendentemente lleva las ventanas abiertas y emite a todo volumen una rumba de Los Chunguitos, lanzan a tus pantalones una cresta de agua embarrada que los cambia de color. Llegas a la tienda de animales, compras la comida para el loro y vuelves a casa empapado de agua, con parte de la suela de un zapato impregnada de caca de perro, con los pantalones manchados de barro y sin paraguas. Mientras te secas te dices: "Lo que hay que hacer para que un loro alcahuete no pase hambre".

Este relato es de JUAN Jiménez publicado en La lluvia, el viento y el loro ( El Periódico Extremadura - 21/11/2011 )



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lunes, 10 de octubre de 2011

Cuento EL LORO PELADO de Horacio Quiroga

Para los más pequeños que visitan mi blog quiero contarles este cuento de Horacio Quiroga, que tiene por protagonista a un loro que se enfrenta a un tigre. Espero que los que ya saben leer, disfruten de este cuento y, a los que todavía no han aprendido a leer, pues le pidan a los abuelos, a los padres o a los hermanos mayores que se lo lean. Además, al final del cuento, os pongo un vídeo de animación basado en esta obra, que he encontrado gracias al estupendo blog dedicado a las letras vidanovelada.blog al que encarecidamente recomiendo visitar.



EL LORO PELADO

Había una vez una banda de loros que vivía en el monte.

De mañana temprano iban a comer choclos a la chacra, y de tarde comían naranjas. Hacían gran barullo con sus gritos, y tenían siempre un loro de centinela en los árboles más altos, para ver si venía alguien.

Los loros son tan dañinos como la langosta, porque abren los choclos para picotearlos, los cuales, después, se pudren con la lluvia. Y como al mismo tiempo los loros son ricos para comer guisados, los peones los cazaban a tiros.

Un día un hombre bajó de un tiro a un loro centinela, el que cayó herido y peleó un buen rato antes de dejarse agarrar. El peón lo llevó a la casa, para los hijos del patrón, los chicos lo curaron porque no tenía más que un ala rota. El loro se curó muy bien, y se amansó completamente. Se llamaba Pedrito. Aprendió a dar la pata; le gustaba estar en el hombro de las personas y con el pico les hacía cosquillas en la oreja.

Vivía suelto, y pasaba casi todo el día en los naranjos y eucaliptos del jardín. Le gustaba también burlarse de las gallinas. A las cuatro o cinco de la tarde, que era la hora en que tomaban el té en la casa, el loro entraba también en el comedor, y se subía con el pico y las patas por el mantel, a comer pan mojado en leche. Tenía locura por el té con leche.

 
Tanto se daba Pedrito con los chicos, y tantas cosas le decían las criaturas, que el loro aprendió a hablar. Decía: “¡Buen día lorito!...” “¡Rica la papa!...” “¡Papa para Pedrito!...”.


Decía otras cosas más que no se pueden decir, porque los loros, como los chicos, aprenden con gran facilidad malas palabras.


Cuando llovía, Pedrito se encrespaba y se contaba a sí mismo una porción de cosas, muy bajito. Cuando el tiempo se componía, volaba entonces gritando como un loco.


Era, como se ve, un loro bien feliz, que además de ser libre, como lo desean todos los pájaros, tenía también, como las personas ricas, su five o'clock tea.


Ahora bien: en medio de esta felicidad, sucedió que una tarde de lluvia salió por fin el sol después de cinco días de temporal, y Pedrito se puso a volar gritando:


—”¡Qué lindo día, lorito!... ¡Rica papa!... ¡La pata, Pedrito!...” —y volaba lejos, hasta que vio debajo de él, muy abajo, el río Paraná, que parecía una lejana y ancha cinta blanca. Y siguió, siguió, siguió volando, hasta que se asentó por fin en un árbol a descansar.


Y he aquí que de pronto vio brillar en el suelo, a través de las ramas, dos luces verdes, como enormes bichos de luz.


—¿Qué será? —se dijo el loro—. “¡Rica, papa!...” ¿Qué será eso?... “¡Buen día, Pedrito!...”


El loro hablaba siempre así, como todos los loros, mezclando las palabras sin ton ni son, y a veces costaba entenderlo. Y como era muy curioso, fue bajando de rama en rama, hasta acercarse. Entonces vio que aquellas dos luces verdes eran los ojos de un tigre que estaba agachado, mirándolo fijamente.


Pero Pedrito estaba tan contento con el lindo día, que no tuvo ningún miedo.


—¡Buen día, tigre! —le dijo—. “¡La pata, Pedrito!...”


Y el tigre, con esa voz terriblemente ronca que tiene le respondió:


—¡Bu-en-día!


—¡Buen día, tigre! —repitió el loro—. “¡Rica papa!... ¡rica papa!... ¡rica papa!...”


Y decía tantas veces “¡rica papa!” porque ya eran las cuatro de la tarde, y tenía muchas ganas de tomar té con leche. El loro se había olvidado de que los bichos del monte no toman té con leche, y por esto lo convidó al tigre.


—¡Rico té con leche!—le dijo—. “¡Buen día, Pedrito!...” ¿Quieres tomar té con leche conmigo, amigo tigre?


Pero el tigre se puso furioso porque creyó que el loro se reía de él, y además, como tenía a su vez hambre se quiso comer al pájaro hablador. Así que le contestó:


—¡Bue-no! ¡Acérca-te un po-co que soy sordo!


El tigre no era sordo; lo que quería era que Pedrito se acercara mucho para agarrarlo de un zarpazo. Pero el loro no pensaba sino en el gusto que tendrían en la casa cuando él se presentara a tomar té con leche con aquel magnífico amigo. Y voló hasta otra rama más cerca del suelo.

 
—¡Rica papa, en casa! —repitió, gritando cuanto podía.


—¡Más cer-ca! ¡No oi-go! —respondió el tigre con su voz ronca.


El loro se acercó un poco más y dijo:


—¡Rico té con leche!


—¡Más cer-ca toda-vía! —repitió el tigre.


El pobre loro se acercó aun más, y en ese momento el tigre dio un terrible salto, tan alto como una casa, y alcanzó con la punta de las uñas a Pedrito. No alcanzó a matarlo, pero le arrancó todas las plumas del lomo y la cola entera. No le quedó una sola pluma en la cola.


—¡Tomá! —Rugió el tigre—. Andá a tomar té con leche...


El loro, gritando de dolor y de miedo, se fue volando, pero no podía volar bien, porque le faltaba la cola que es como el timón de los pájaros. Volaba cayéndose en el aire de un lado para otro, y todos los pájaros que lo encontraban se alejaban asustados de aquel bicho raro.
Imagen tomada de Cuentos de Don Coco.com

Por fin pudo llegar a la casa, y lo primero que hizo fue mirarse en el espejo de la cocinera.


¡Pobre Pedrito! Era el pájaro más raro y más feo que puede darse, todo pelado, todo rabón y temblando de frío. ¿Cómo iba a presentarse en el comedor con esa figura? Voló entonces hasta el hueco que había en el tronco de un eucalipto y que era como una cueva, y se escondió en el fondo, tiritando de frío y de vergüenza.


Pero entretanto, en el comedor todos extrañaban su ausencia:


—¿Dónde estará Pedrito? —decían. Y llamaban— ¡Pedrito! ¡Rica papa, Pedrito! ¡Té con leche, Pedrito!.


Pero Pedrito no se movía de su cueva, ni respondía nada, mudo y quieto. Lo buscaron por todas partes, pero el loro no apareció. Todos creyeron entonces que Pedrito había muerto, y los chicos se echaron a llorar.


Todas las tardes, a la hora del té, se acordaban siempre del loro, y recordaban también cuánto le gustaba comer pan mojado en té con leche. ¡Pobre Pedrito! Nunca más lo verían porque había muerto.


Pero Pedrito no había muerto, sino que continuaba en su cueva sin dejarse ver por nadie, porque sentía mucha vergüenza de verse pelado como un ratón. De noche bajaba a comer y subía en seguida. De madrugada descendía de nuevo, muy ligero, e iba a mirarse en el espejo de la cocinera, siempre muy triste porque las plumas tardaban mucho en crecer.


Hasta que por fin un día, o una tarde, la familia sentada a la mesa a la hora del té vio entrar a Pedrito muy tranquilo, balanceándose como si nada hubiera pasado. Todos se querían morir, morir de gusto cuando lo vieron bien vivo y con lindísimas plumas.


—¡Pedrito, lorito! —le decían—. ¡Qué te pasó, Pedrito! ¡Qué plumas brillantes que tiene el lorito!


Pero no sabían que eran plumas nuevas, y Pedrito, muy serio, no decía tampoco una palabra. No hacía sino comer pan mojado en té con leche. Pero lo que es hablar, ni una sola palabra.


Por eso, el dueño de casa se sorprendió mucho cuando a la mañana siguiente el loro fue volando a pararse en su hombro, charlando como un loco. En dos minutos le contó lo que había pasado: Un paseo al Paraguay, su encuentro con el tigre, y lo demás; y concluía cada cuento cantando:


—¡Ni una pluma en la cola de Pedrito! ¡Ni una pluma! ¡Ni una pluma!


Y lo invitó a ir a cazar al tigre entre los dos.


El dueño de casa, que precisamente iba en ese momento a comprar una piel de tigre que le hacía falta para la estufa, quedó muy contento de poderla tener gratis. Y volviendo a entrar en la casa para tomar la escopeta, emprendió junto con Pedrito el viaje al Paraguay.


Convinieron en que cuando Pedrito viera al Tigre, lo distraería charlando, para que el hombre pudiera acercarse despacito con la escopeta.


Y así pasó. El loro, sentado en una rama del árbol, charlaba y charlaba, mirando al mismo tiempo a todos lados, para ver si veía al tigre. Y por fin sintió un ruido de ramas partidas, y vio de repente debajo del árbol dos luces verdes fijas en él: eran los ojos del tigre.


Entonces el loro se puso a gritar:


—¡Lindo día!... ¡Rica papa!... ¡Rico té con leche!... ¿Querés té con leche?. ..


El tigre enojadísimo al reconocer a aquel loro pelado que él creía haber muerto, y que tenía otra vez lindísimas plumas, juró que esa vez no se le escaparía, y de sus ojos brotaron dos rayos de ira cuando respondió con su voz ronca:


—¡Hacer-ca-te más! ¡Soy sor-do!


El loro voló a otra rama más próxima, siempre charlando:


—¡Rico, pan con leche! ... ¡ESTA AL PIE DE ESTE ARBOL ! ...


Al oír estas últimas palabras, el tigre lanzó un rugido y se levantó de un salto.


—¿Con quién estás hablando? —bramó—. ¿A quién le has dicho que estoy al pie de este árbol?


—¡A nadie, a nadie! —gritó el loro—. “¡Buen día, Pedrito! ... ¡La pata, lorito!...”


Y seguía charlando y saltando de rama en rama, y acercándose. Pero él había dicho: está al pie de este árbol para avisarle al hombre, que se iba arrimando bien agachado y con la escopeta al hombro.


Y llegó un momento en que el loro no pudo acercarse más, porque si no, caía en la boca del tigre, y entonces gritó:


—“¡Rica papa!…” ¡ATENCION!


—¡Más cer-ca aun! —rugió el tigre, agachándose para saltar.


—“¡Rico, té con leche!...” ¡CUIDADO VA A SALTAR!


Y el tigre saltó, en efecto. Dio un enorme salto, que el loro evitó lanzándose al mismo tiempo como una flecha en el aire. Pero también en ese mismo instante el hombre, que tenía el cañón de la escopeta recostado contra un tronco para hacer bien la puntería, apretó el gatillo, y nueve balines del tamaño de un garbanzo cada uno entraron como un rayo en el corazón del tigre, que lanzando un rugido que hizo temblar el monte entero, cayó muerto.


Pero el loro, !Qué gritos de alegría daba! ¡Estaba loco de contento, porque se había vengado —¡y bien vengado!— del feísimo animal que le había sacado las plumas!


El hombre estaba también muy contento, porque matar a un tigre es cosa difícil, y, además, tenía la piel para la estufa del comedor.


Cuando Llegaron a la casa, todos supieron por qué Pedrito había estado tanto tiempo oculto en el hueco del árbol, y todos lo felicitaron por la hazaña que había hecho.


Vivieron en adelante muy contentos. Pero el loro no se olvidaba de lo que le había hecho el tigre, y todas las tardes, cuando entraba en el comedor para tomar el té se acercaba siempre a la piel del tigre, tendida delante de la estufa, y lo invitaba a tomar té con leche.


—¡Rica, papa!... —le decía—. ¿Querés té con leche?... ¡La papa para el tigre!...


Y todos se morían de risa. Y Pedrito también. FIN.









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viernes, 23 de septiembre de 2011

Aguila Roja ¿de donde saca las plumas?

Se acabó. Estoy harto. Es hora de desvelar el secreto mejor guardado de la serie de televisión y película Águila Roja. Sí amigos. Es lo que estáis pensando. El protagonista de la serie, además de ser un experto de las artes ninja, es también un experto criador de yacos. El criadero, por supuesto, está oculto, tanto, que ni los guionistas de la serie lo mencionan.  Es lógico. Si los enemigos de nuestro protagonista supieran la existencia y ubicación de esas instalaciones, solo tendrían que pedir los papeles de la licencia de núcleo zoológico, ver que el titular es el famoso maestro y adiós al enigma de la identidad del espadachín y a la serie. Tampoco figuran en los créditos, pero hay 100 loros grises africanos de cola roja participando en el rodaje de la serie. Y no es por presumir, pero aquí os dejo la foto con mi próxima aportación.
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miércoles, 21 de septiembre de 2011

“Team Loro”, un corto con loros

La empresa de comunicaciones Nextel que opera en varios países de Suramérica cambia de logo
y contrata al “Team Loro” para lanzar la campaña de nueva imagen.










Visto en:
dossiernet
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lunes, 11 de abril de 2011

El último de los ex-prisioneros de la guerra hispano-americana.


Buque Cristobal Colon

En el estruendo de la batalla naval de la Bahía de Santiago, a punto de hundirse el Cristóbal Colón envuelto en llamas, un joven oficial español se resistía a abandonar el barco gritando: "¡El loro!, ¡El loro!, y señalaba frenéticamente hacia el puente. Allí, posado en la barandilla, preso del pánico, con las plumas chamuscadas y un ojo averiado, estaba el loro, mascota del Cristóbal Colón. De repente, un guardiamarina americano, logró alcanzarlo con una pértiga, entregándoselo al español. Seguidamente rescató a ambos, trasladándoles a su buque y alojándoles en su camarote.

El joven español, malherido, murió, haciéndole prometer al americano que no abandonaría al loro.

El dichoso loro no hacía más que gritar: ¡Dame un besito! ¡Dame un besito! Y el muchacho decidió enviárselo a su prometida al final de la contienda. Adquirió una jaula de rafia y lo envió a Annapolis, complicándose el proceso puesto que el ave, picoteó de tal forma la etiqueta con la dirección a entregarse que, esto no fue posible y el loro permaneció en las oficinas de correos durante una semana. En este tiempo el marino comunicó a su amada el contenido del envío y ella acudió a correos a rescatarlo. De la etiqueta sólo quedaba la palabra: Annapolis.

Entretanto, estaban llegando los prisioneros a la academia y el loro los observaba pasear frente a su jaula en la terraza de su nueva dueña. Cierto día pareció enloquecer golpeando la jaula con las alas al tiempo que gritaba: ¡Papá, papá!, y es que había reconocido a un tripulante del Cristóbal Colón.

Cuando los prisioneros fueron puestos en libertad, el reglamento les impidió embarcar al loro en el City of Rome que los transportaría a Santander. Así que el emplumado quedó atrás y aún vivió diez años más en suelo americano. A su muerte, ¡qué detalle!... el Herald de Nueva York editó una esquela especial dedicada al último de los ex-prisioneros de la guerra hispano-americana.

Fuente: DiariodeCádiz.es



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miércoles, 23 de junio de 2010

Animales procesados

Charlie sabemos que vivió al menos 104 años. Si la Segunda Guerra Mundial hubiera tenido otro final quizá no hubiera sido tan longevo. A Ziggy, a pesar de su indiscreción, su dueño le dio una segunda oportunidad con otros adoptantes. Otros loros que aprendieron a decir ciertas "gracias" no tuvieron tanta suerte. Carlos Fisas, en su libro Historias de la Historia, dedica un capítulo a "animales procesados" del que extraigo lo siguiente:

Cualquiera diría que, siendo la justicia cosa tan extraordinaria, grave e importante, deberían ser sólo los hombres sus sujetos. Así es, en la actualidad, con sólo unas escasas excepciones.

En febrero de 1935 fue ajusticiado en Atenas un papagayo, perteneciente al propietario de uno de los restaurantes más importantes de la ciudad, que tenía la costumbre de gritar "¡ Viva Venizelos!" y que no había querido o sabido callar o cambiar el nombre una vez triunfante la revolución que derribó al político heleno.
En Rusia, la GPU fusiló a unos loros que cantaban canciones capitalistas y zaristas. Sus maestros de música sufrieron la misma suerte. 
Es conocida la historia actual de aquel alemán que, después de la derrota de los ejércitos hitlerianos y en los comienzos de la ocupación, hizo poner el siguiente anuncio en uno de los principales periódicos de la zona occidental:
"El doctor Otto Kraus hace saber que no responde de las ideas políticas de su papagayo".


Pues eso, cuidado con lo que aprendemos queriendo o sin querer.


Fuente: Carlos Fias, Memorias de la Historia de Planeta Deagostini, Historias de la Historia (I), página 92
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lunes, 21 de junio de 2010

No nos enseñeis tacos, palabrotas, insultos etc.

No nos enseñéis tacos, palabrotas, insultos, etc. Las palabras gruesas y soeces una vez aprendidas nunca jamás las olvidamos y recordad el caso de Gary y Suzy, no hace falta que nos enseñéis, podemos aprender solos, si son palabras que se dicen en nuestro entorno con frecuencia.

Hoy traigo esta noticia de Enero de 2004.

La mascota de Winston Churchill, un loro de 104 años, ha sido hallado con vida en una clínica veterinaria. El loro hembra fue adquirido por el primer ministro británico en 1937 y se hizo famoso por decir continuas obscenidades contra Hitler y los nazis.

Un diario inglés informó de que ha seguido su pista y ha comprobado que el animal está vivo.
"Han estado tratando de hacerlo hablar todo el día, pero no ha dicho mucho", dijo Sylvia Martin, quien administra la clínica para animales Heathfield, en donde el perico Charlie ha vivido durante los últimos 12 años.
Charlie, quien acompañó a Churchill en casi todas sus andanzas durante la Segunda Guerra Mundial, era famoso por decir en voz alta palabrotas obscenas y altisonantes sobre Hitler y los nazis. Sin embargo, Martin dijo que la alegre mascota ha envejecido y apenas habla.
Ya casi no dice nada, sólo un ocasional 'Buenos días' y quizás un 'Hasta pronto', pero nada más. Aunque sigue emocionándose con la música y baila mucho (...) está en buena condición física". Todos se refieren a Charlie como "él", a pesar de que es una hembra.

El propietario del loro es Peter Oram, dueño de la clínica para animales Heathfield.
El suegro de Oram vendió el loro a Churchill y cuando el famoso político británico murió, en 1965, la familia del estadista le pidió a Oram que se quedara con el ave.
Steve Nichols, fundador del Santuario Nacional Británico para Aves, dijo que los loros en su ambiente natural viven por término medio unos 40 años, aunque tiene documentos que prueban que algunos pericos han vivido hasta 110 años. Enero 2.004

Fuente:  http://webs.ono.com/psitacidos/page34.html
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sábado, 19 de junio de 2010

Si a veces es mejor que no hablemos

Un loro delata la aventura amorosa de una mujer.

El propietario de un loro fue alertado de la infidelidad de su novia cuando su parlanchina mascota desveló el secreto al decir «Te quiero, Gary».

Suzy Collins se venía viendo con un ex-compañero de trabajo, Gary, durante cuatro meses en el apartamento que compartía con su compañero, Chris Taylor, según se dice.

El Sr. Taylor aparentemente empezó a sospechar tras oir a Ziggy decir «Hola Gary» cuando la señorita Collins contestaba su teléfono móvil. El loro también hacia los ruidos de besuqueos siempre que se dijese el nombre de Gary, se dijo en un programa de televisión.

Nuevo hogar.

El Sr. Taylor, de 30 años, programador informático, se enemistó a la mujer con la que había vivido durante un año que admitió el lío amoroso y se marchó, según dicen los periódicos.

Además, el Sr. Taylor se deshizo del loro gris (Psittacus erithacus) tras las continuas llamadas del nombre de Gary y dado que no dejaba de decir las frases con la voz de su ex-novia. «No me dio pena ver marcharse a Suzy tras lo que hizo, pero me rompió el corazón dejar a Ziggy», dijo él. «Lo adoraba, y lo echo mucho de menos, pero era una tortura oírlo repetir una y otra vez ese nombre». La Srta. Collins, de 25 años, dijo: «No estoy orgullosa de lo que hice, pero estoy segura de que Chris será el primero en admitir que teníamos problemas». Ziggy, que recibió ese nombre por el alter ego de David Bowie, Ziggy Stardust, ha encontrado un nuevo hogar a través de un comercio.



Fuente:   PsittaScene Volumen 18 Nº1, febrero 2006
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lunes, 14 de junio de 2010

N'kisi, otro loro africano muy inteligente

Interesada por el caso de Alex, Aimée Morgana empezó a entrenar su propio loro para descubrir que no sólo era capaz de expresar opiniones, sino que podía leer su mente, aun cuando ella dormía.

Tras las investigaciones de Irene Pepperberg con Alex, un loro gris africano elegido al azar, se demostró que los loros de esta especie podemos utilizar el lenguaje referencialmente y con sentido. Motivada por el caso de Alex, que conoció por la televisión en 1997, Aimée Morgana comenzó a entrenar a N’kisi, un loro gris africano, a partir de los seis meses de edad. A los 5 años poseía un vocabulario contextual de más de 700 palabras, (950 palabras según noticias de 2004), comprendía su significado y hacía comentarios relevantes. Habitualmente hablaba con oraciones gramaticalmente estructuradas, y hacia enero de 2002 Aimée había registrado más de 7000 frases originales. Además y al igual que Alex, N’kisi demostró tener un magnífico sentido del humor, al menos desde el punto de vista de un loro, poniendo en duda la afirmación de que los miembros de esta especie somos neuróticos y de mal carácter.
Aimée Morgana advirtió que N’kisi a menudo expresaba opiniones que parecían relacionadas con lo que ella pensaba, especialmente cuando en su mente se formaban imágenes, y lo mismo hacía con su marido. ¿Será verdad que tenemos poderes telepáticos? Dejémoslo en que está demostrado que somos simpáticos.

Fuente:  Videastudio
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domingo, 13 de junio de 2010

Alex: "Avian Learning EXperiment"

Los loros no tenemos cuerdas vocales, así que cuando hablamos, realmente estamos silbando. Es famoso el caso de Alex, loro gris africano de cola roja, que  tenía un vocabulario de aproximadamente 150 palabras, pero era excepcional en esto, ya que parecía comprender las palabras. Entrenado con método científico por la doctora Irene Pepperberg podía identificar cincuenta objetos diferentes y reconocer cantidades hasta seis, sabía distinguir siete colores y cinco formas, y entender los conceptos "más grande", "más pequeño", "mismo", y "diferente".

Fuente: Wikipedia
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